Por Juan Carlos Pamo | Zona de Impacto

Hay algo particular en agosto cuando se mira la historia de Cali. No es una superstición. Tampoco una explicación científica. Mucho menos una condena escrita en el calendario. Es una coincidencia.

Una de esas coincidencias que, cuando se mira hacia atrás, obliga a detenerse. Porque durante los últimos 70 años, algunas de las tragedias que más profundamente han sacudido a Cali ocurrieron precisamente en agosto.

La ciudad las ha vivido de maneras distintas. Algunas llegaron en forma de fuego y explosiones. Otras, de violencia. Una descendió desde la montaña. Otra golpeó a cinco adolescentes. Y las más recientes llegaron con explosivos y con el movimiento impredecible de la tierra.

La última ocurrió el 10 de agosto de 2026. Y mientras Cali todavía recoge los pedazos que dejó el terremoto, la memoria conduce inevitablemente hacia otra madrugada de agosto, 70 años atrás.

La madrugada en que Cali dejó de ser la misma

Explosión 7 de agosto

Era el 7 de agosto de 1956. La ciudad dormía cuando una explosión estremeció la madrugada. Siete camiones cargados con dinamita habían llegado a Cali y permanecían estacionados cerca de la estación del Ferrocarril del Pacífico. Poco después de la una de la mañana, las aproximadamente 42 toneladas de explosivos detonaron.

El estruendo pudo sentirse a kilómetros. Pero el verdadero impacto estaba en tierra. Casas destruidas. Calles convertidas en escombros. Personas atrapadas. Familias buscando a sus seres queridos.

La explosión afectó unas 41 manzanas y dejó alrededor de 4000 muertos y 12.000 heridos, de acuerdo con cifras históricas recogidas por la Alcaldía de Cali.

Cali todavía era una ciudad mucho más pequeña. El golpe, por eso, fue descomunal. Aquella madrugada no solo murieron miles de personas.

También desapareció una parte de la ciudad que existía hasta entonces. La explosión de 1956 se convirtió en una herida que pasó de generación en generación.

Y agosto apenas comenzaba a construir su particular relación con la memoria trágica de Cali.

Explosión Policía Cali

26 años después, otra explosión

1 de agosto de 1982. La ciudad volvió a estremecerse por una explosión. Esta vez no fue un accidente industrial. Fue violencia.

Un carro bomba fue utilizado contra el cuartel de la Policía en Cali, en uno de los primeros episodios documentados de esta modalidad de atentado contra una instalación de seguridad estatal en el suroccidente colombiano.

El hecho quedó registrado por el Centro Nacional de Memoria Histórica como parte de la historia de la violencia política que comenzaba a golpear con mayor intensidad diferentes regiones del país.

Cali volvía a vivir agosto entre sirenas, miedo y destrucción. Pero cuatro años después la amenaza sería diferente.

DeslizamientoCuando la montaña cayó sobre la carretera

El 18 de agosto de 1986, la tragedia no llegó desde un camión cargado de explosivos ni desde un grupo armado. Llegó desde la montaña.

Un deslizamiento ocurrido en el kilómetro 9 de la vía al mar provocó la muerte de cuatro personas. El episodio aparece entre los antecedentes de movimientos en masa registrados en el área de Cali y recuerda otra de las vulnerabilidades de una ciudad rodeada por montañas y atravesada por quebradas y laderas.

Tres décadas. Tres tragedias. Tres causas completamente diferentes. Y el mismo mes.

Llano verdeCinco jóvenes que no regresaron a casa

Pasaron 34 años. El 11 de agosto de 2020, agosto volvió a tener rostro de tragedia. Esta vez fueron cinco adolescentes. Tenían entre 14 y 16 años y vivían en Llano Verde, en el oriente de Cali.

Salieron a volar cometa, comer caña y compartir la tarde. No volvieron. Sus cuerpos fueron encontrados en un cañaduzal.

Josmar Jean Paul Cruz Perlaza, Léider Cárdenas Hurtado, Luis Fernando Montaño Quiñónez, Álvaro José Caicedo Silva y Jair Andrés Cortés Castro fueron asesinados.

La masacre provocó indignación nacional y volvió a poner sobre la mesa las condiciones de vulnerabilidad de los jóvenes de sectores populares de Cali. El Centro Nacional de Memoria Histórica ha documentado el caso como uno de los episodios que dejaron una profunda marca en la ciudad.

Agosto había cambiado nuevamente de rostro. Ya no era solamente la memoria de una explosión ocurrida 64 años atrás.

Era también la memoria de cinco adolescentes cuyos nombres quedaron asociados para siempre a un 11 de agosto.

2025: el estruendo volvió a escucharseBase Aérea

Un año antes del terremoto. 21 de agosto de 2025. Un vehículo cargado con explosivos fue utilizado en un atentado en inmediaciones de la Base Aérea Marco Fidel Suárez.

La explosión alcanzó sectores residenciales y comerciales de la ciudad. Vidrios rotos. Vehículos afectados. Edificaciones dañadas. Personas heridas. Y, nuevamente, muertos.

El balance terminó en siete personas fallecidas y decenas de heridos. La escena tenía algo inquietantemente familiar. Cali volvía a escuchar una explosión en agosto.

Pero nadie podía imaginar que, exactamente un año después, el sonido que estremecería la ciudad no sería el de una bomba. Sería el de la tierra.

10 de agosto de 2026: la tierra se mueve terremoto en Cali

El lunes 10 de agosto de 2026, Cali volvió a detenerse. Esta vez no hubo advertencia. No hubo sirenas antes del golpe. No hubo manera de anticiparlo. La tierra comenzó a moverse.

El terremoto, de magnitud 7,4, golpeó con fuerza el suroccidente colombiano y convirtió a Cali en uno de los principales escenarios de la emergencia.

Durante horas, la ciudad fue una mezcla de miedo, incertidumbre y solidaridad. Personas en las calles. Familias buscando información. Hospitales desbordados.

Rescatistas entrando y saliendo de estructuras inestables. Voluntarios llevando agua, alimentos y herramientas. Y bajo los escombros, una carrera contra el tiempo.

Durante días se buscó a quienes podían seguir con vida. También se recuperaron cuerpos.

Finalmente, el cierre de la fase de búsqueda y rescate dejó una cifra que quedará registrada en la historia de la ciudad: 150 personas fallecidas en Cali.

Además, 88 personas fueron rescatadas con vida y más de 1500 resultaron heridas.

La ciudad entró entonces en una nueva etapa: retirar escombros, evaluar estructuras, determinar cuáles podían recuperarse y cuáles tendrían que ser demolidas.

La tragedia había terminado su primera fase. La reconstrucción apenas comenzaba.

La memoria también se construye después de la tragedia

Quizá por eso la pregunta más interesante no sea por qué agosto parece repetirse. Tal vez sea qué hace Cali después de cada golpe.

Después de 1956, la ciudad se reconstruyó. Después de décadas de violencia, siguió creciendo.

Después de Llano Verde, las familias de los cinco adolescentes mantuvieron viva la exigencia de justicia y memoria.

Después del atentado de 2025, la ciudad respondió con solidaridad y rechazo a la violencia.

Y ahora, después del terremoto, Cali tiene delante una nueva tarea: reconstruir, reparar y aprender.

Porque las ciudades no solamente se definen por las tragedias que sufren. También por lo que hacen después de ellas.