Por: Juan Carlos Pamo Sánchez – Redacción Zona de Impacto

Fabián Vargas construyó una destacada carrera de más de dos décadas en el fútbol profesional, con pasos por equipos como América de Cali, Boca Juniors, Internacional de Porto Alegre, Almería, Independiente de Avellaneda y Millonarios, además de la Selección Colombia. Su recorrido le permitió vivir de primera mano el fútbol nacional e internacional y conocer desde el vestuario las diferentes realidades de esta profesión.

Tras su retiro, Vargas trasladó esa experiencia a los medios de comunicación. Lleva 11 años vinculado a ESPN y también pasó durante seis años por Caracol Radio.

Paralelamente, decidió continuar su formación académica y actualmente culmina la carrera de Comunicación Social en la UNAD, convencido de que la experiencia adquirida en el fútbol puede complementarse con herramientas académicas para comunicar y analizar este deporte.

—¿Cómo avanza el proceso académico?

La verdad es que yo todavía no he terminado. Estoy haciendo mi diplomado de grado para poder culminar mis estudios. Lo que pasó es que se hizo pública la entrega de la credencial de prensa porque, como requerimiento para el grado, uno tiene que estar suscrito a una agremiación de periodistas y me hicieron la entrega de la credencial.

Me quedan cuatro módulos para poder tener todo listo desde la parte académica y conseguir mi grado en abril del próximo año, porque este año, por lo del terremoto, no se van a realizar grados.

—Usted viene estudiando Comunicación Social en la UNAD. ¿Es una carrera completa?

Sí, claro. Ya llevo cuatro años haciendo la carrera en la UNAD. Es una carrera completa.

—¿Nunca contempló utilizar la figura de homologación por el tiempo que lleva trabajando en medios?

No. Yo no lo quise utilizar porque sabía que iba a tener mejores herramientas para poder transmitir y comunicar todo lo que he aprendido durante 20 años a nivel profesional en el fútbol. Necesitaba tener esas herramientas para poder ser un mejor profesional en lo que hago ahora.

—¿Qué ha sido lo más difícil de este proceso académico? ¿Los horarios, los viajes, la virtualidad?

Cuando estudia uno virtualmente tiene que organizarse muy bien a nivel de tiempos para poder cumplir con todas las obligaciones.

Creo que lo más difícil es acomodar los tiempos, especialmente cuando me toca viajar, cuando tengo que estar fuera o cuando tengo compromisos. A veces se hacía difícil, aunque en la universidad me ayudaron mucho. Muchas veces los profesores entendían que los que estudiamos de forma virtual lo hacemos precisamente porque no tenemos el suficiente tiempo para asistir a las aulas presenciales.

—¿Siempre ha tenido esa disciplina con el estudio? Fabián Vargas

Yo no he parado de estudiar desde que terminé mi bachillerato. Cuando jugué en América de Cali ingresé a la universidad allá en Cali y empecé Administración de Empresas.

Luego me puse a estudiar para hacer la carrera de entrenador, que también pude terminar. En ese sentido, creo que uno todavía tiene el ritmo de estudio latente.

—¿Qué ocurrió con la carrera de Administración de Empresas?

En esa época me sorprendió porque a mí me ayudaban en el equipo profesional del América. Jaime de la Pava y Diego Barragán entendían la importancia de la preparación académica y muchas veces, cuando me coincidían las clases con el entrenamiento, me dejaban salir 10 o 15 minutos antes para poder cumplir con mi responsabilidad académica.

En cambio, en la universidad, que era la Javeriana de Cali, no me colaboraban. De hecho, el director de carrera en algún momento me dijo que uno tenía que tener prioridades en la vida y que yo tenía que decidir entre una cosa y la otra.

—¿Eso terminó obligándolo a dejar la carrera?

Sí. Me sorprendió mucho que un educador pusiera a uno a escoger entre dos cosas que quería realizar, en lugar de buscar la forma de ayudar para que pudiera llevar las dos de la mano, como lo hacían los formadores que yo tenía en el fútbol.

En esa época estábamos jugando Copa Libertadores constantemente, viajando y viviendo en hoteles. Se hacía muy difícil y me tocó dejar la carrera. Alcancé a hacer dos semestres.

—Después decidió estudiar para ser entrenador. ¿Cómo fue ese proceso?

Sí. Empecé de forma presencial en Buenos Aires, en 2005 o 2006. Estudié en la ATFA, en  la Escuela Nicolás Avellaneda. Alcancé a hacer aproximadamente un año presencial. Después me fui para Brasil, volví a Argentina y continué la carrera de manera virtual.

Cuando hace uno la carrera virtual tiene que ir una semana completa a Buenos Aires a rendir exámenes. Eso lo pude hacer cuando estaba en Millonarios, en 2017, si no estoy mal, y finalmente pude graduarme.

—Normalmente los futbolistas piensan en ser entrenadores, directivos o empresarios. Usted decidió convertirse también en comunicador. ¿Por qué?

Es simplemente un complemento. Yo soy y voy a ser siempre un futbolista que tiene un espacio en un medio de comunicación para hablar y transmitir sobre fútbol.

La idea es mostrar una óptica totalmente diferente a la que tiene quien estudió para periodismo, pero que nunca va a tener lo que tuvimos nosotros: vestuario, cancha. Yo hablo en primera persona. Hablo desde el conocimiento de haber estado ahí. Sé lo que le puede estar pasando por la cabeza a un técnico o a un jugador en determinadas situaciones y momentos.

—¿La posibilidad de trabajar en medios llegó antes de que pensara estudiar Comunicación Social?

Estudié para ser técnico porque siempre tuve muy claro que la preparación era el camino. Con la idea de poder transmitir lo que se ve del fútbol, me parece que no se dio la oportunidad de ser entrenador primero. Llegó antes la posibilidad de trabajar en medios.

Cuando estaba en Argentina iba a ese tipo de espacios y, cuando terminaba cualquier programa al que me invitaban, los productores me decían que les gustaba mi capacidad de oratoria y la capacidad que tenía para expresarme. Me decían que tenía trabajo asegurado el día que me retirara en cualquiera de esos medios.

—Hay futbolistas que llegan a los medios sin una preparación académica específica y eso también genera críticas. ¿Considera que deberían prepararse antes de ocupar esos espacios?

Es que la pregunta es: ¿qué es prepararse? Porque yo me preparé como técnico y le estoy diciendo que me gradué como técnico. Hice tres años de carrera, donde me preparé para hablar de fútbol. Tengo conocimientos de medicina, preparación física, psicología, pedagogía y neurociencias. O sea, tengo una preparación altísima para poder hablar de fútbol.

Y me seguían diciendo que no estábamos preparados. Entonces, ¿cuál es la preparación y de qué forma pretenden que se prepare uno? Porque muchos de mis compañeros se han preparado desde la parte futbolística para hablar de tácticas, saben cómo se planifica un entrenamiento, qué es un microciclo, un macrociclo, cómo hacerlo y de qué forma desarrollarlo.

Saben una cantidad de cosas que son inherentes a nuestra profesión, al fútbol y a lo que se está hablando. Y los siguen criticando porque dicen que no se han preparado. Entonces, ¿cuál es la preparación que dicen que hay que tener? Ahí queda la duda. Habría que ponerse de acuerdo sobre qué es lo que muchos de los que hacen esa crítica creen que es la preparación.

—Ahora que está cerca de graduarse como comunicador, ¿cree que la academia le ha dado herramientas que complementan esa experiencia?

Sí. Pero yo llevo 11 años en los medios haciendo radio y televisión. Yo no fui a pedir trabajo. A mí me vinieron a buscar desde Argentina. Me llamaron a mi casa y me dijeron que venía gente de Argentina a hablar conmigo. Al final me dijeron que iban a hacer el primer piloto de un programa de su canal producido en Colombia y que querían que fuera parte del proyecto. Ya llevamos 11 años.

—¿Aprendió a enfrentarse a una cámara y a expresarse ante millones de personas?

Creo que parte de mi preparación viene de lo que me inculcaron en mi casa: que el estudio era muy importante, tener una capacidad distinta para poder hablar, un vocabulario amplio, saber expresarse, argumentar, llevar un hilo conductor y tener una idea.

Pero si me pregunta, muchas de esas cosas las aprendí en el colegio. Desde ahí me preparaban para enfrentarme a un público. En la materia de Español, por ejemplo, me tocaba exponer libros que teníamos que leer, analizar y explicar.

Después, obviamente, uno va aprendiendo con el tiempo. Tuve periodistas maravillosos a mi lado, como Germán Arango y Andrea Guerrero, entre otros, con quienes empezamos y de quienes aprendí muchísimo.

Fabián Vargas—¿Qué pesa más: la academia o la experiencia?

Para mí, la práctica siempre va a servir mucho más. Lo que termina haciendo y puliendo a una persona es el día a día. Pero efectivamente creo que estudié para tener mejores herramientas a la hora de transmitir y comunicarle a quienes nos debemos, que son el público, las personas que nos ven y que están pendientes de nosotros.

—¿En qué está trabajando actualmente para culminar su carrera en la universidad?

Uno de los requerimientos podía ser un trabajo de grado o hacer un diplomado. Yo escogí el diplomado, que lo estamos haciendo en construcción de redes sociales.

—¿Ese trabajo está relacionado con el mundo del fútbol?

Cuando uno habla de redes sociales inmediatamente piensa en plataformas digitales, pero esta es una construcción de redes sociales reales, humanas, con un efecto más participativo y social dentro de una comunidad que para mí ha sido muy importante y de la cual me siento muy orgulloso: el fútbol y la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales.

—¿Por qué decidió enfocar su formación hacia ese campo?

Estudié esto para ligarlo también con lo que ha sido mi vida y a lo que me he dedicado siempre, que es mi pasión por el fútbol. No podía estar ajeno ahora que voy a culminar mi carrera. Quería que estuviera ligado a ese hijo que tenemos nosotros, que es la agremiación. Yo fui uno de los que ayudó a impulsarla desde el principio y me parecía chévere que pudiéramos enfocar esto hacia mi gremio.

—¿Cómo calificaría actualmente el periodismo deportivo en Colombia?

A mí no me corresponde poner calificaciones. No soy profesor. Creo que, como en todas las carreras, hay periodistas buenos y periodistas malos y cada uno escoge cuál es su camino.

Me parece que últimamente el periodismo entendió que tenía que ser transformador, que no tenía que ser un periodismo amarillista de antaño, de ese que ya la gente no quiere consumir, sino un periodismo que proponga soluciones a las problemáticas que encuentra y que sea respetuoso, especialmente.

He visto en muchos periodistas jóvenes un mayor respeto hacia los protagonistas de esta profesión, que es el fútbol.

Hay periodistas buenos y hay unos que son muy malos, perversos, que deberían ya retirarse, que la gente ya no quiere escuchar más, pero no lo han entendido.

Siguen pidiéndoles a los jugadores y a los técnicos que se vayan, que se retiren, pero no dan el ejemplo. No toman ellos el primer paso y dicen: “Yo ya cumplí 40 años en esto, ya está bien, me voy a descansar”. Una cosa es predicar y otra es aplicar.

—Se habló de la credencial que recibió del Colegio Nacional de Periodistas. ¿Por qué estaba allí si todavía no se había graduado?

Uno de los requisitos para poderse graduar es un prerrequisito: tiene que pertenecer a una organización gremial de periodistas cuando ya ha cursado más del 90 % de la carrera.

La universidad nos puso varias organizaciones a disposición de quienes estamos estudiando. Hice mi inscripción y ellos tenían una asamblea acá en Bogotá, la Asamblea Nacional que realizan. Me quisieron hacer entrega de la credencial en ese acto.

—¿Conoce otros futbolistas que hayan combinado su carrera deportiva con estudios de Comunicación Social?

Tuve un compañero que mientras estábamos jugando estudiaba Comunicación Social y Audiovisual y se graduó siendo todavía jugador. Es Andrés Cadavid. Jugamos y compartimos cancha en Millonarios y él también se graduó.

—¿Su proceso también buscaba abrirle camino a otros futbolistas para que se prepararan académicamente?

Sí. Cuando estaba en la agremiación como directivo activo, me senté con el rector de la UNAD en algún momento y le dije que necesitábamos abrirles puertas a los futbolistas para que encontraran espacios donde pudieran empezar a prepararse.

No tenían que esperar a terminar su carrera para comenzar esa preparación, porque ahí perdían tiempo y después era difícil volver a involucrarse en la vida fuera de la burbuja del fútbol.

Logramos hacer ese acuerdo con la UNAD y yo también empecé a estudiar porque entendí que tenía que dar el ejemplo como líder de la agremiación.