Las llamadas mensuales relacionadas con salud mental pasaron de un promedio de 860 a más de 3000 tras el sismo del 10 de agosto, según informó el secretario de Salud de Cali, Germán Escobar Morales. La cifra se presentó este lunes durante el conversatorio Construir bienestar, transformar ciudad, convocado por la presidenta del Concejo, Daniella Plaza Saldarriaga.
El encuentro reunió a funcionarios y especialistas para hablar de las consecuencias emocionales y sociales de la emergencia, que alteró la vida cotidiana de miles de caleños. A casi dos meses del sismo, algunas personas aún enfrentan dificultades de movilidad, servicios que no funcionan con normalidad y edificaciones afectadas.
“Después del 10 de agosto, muchos caleños quedaron en modo de supervivencia”, expresó Plaza. La concejala señaló que la recuperación también debe atender los efectos que no son visibles y que siguen presentes en la vida diaria de la población.
La salud mental ya representaba un desafío para la ciudad antes del sismo, en medio de problemas como la violencia y otras situaciones que afectan el bienestar. Para los participantes, la emergencia hizo más evidentes esas necesidades y la importancia de fortalecer la atención y el trabajo comunitario.
La especialista Maritza Isaza Gómez sostuvo que reconocer cómo se encuentra una comunidad después de una emergencia permite fortalecer sus vínculos y su capacidad de respuesta colectiva. El cuidado, planteó, también se construye desde las familias, los espacios educativos y las redes de apoyo, además de las instituciones y los servicios especializados.
Por su parte, la consultora mexicana Marlen Fernández Barrera destacó la importancia de promover una cultura de prevención y acompañamiento. “La gente [debe] estar informada, [contar con] rutas, [desarrollar] hábitos y, sobre todo, poder vivir con una realidad que inminentemente no podemos controlar”, dijo durante el conversatorio.
El encuentro concluyó con un llamado a fortalecer los programas de salud mental y la intervención territorial, con prevención, atención oportuna y acompañamiento cercano. La recuperación de la ciudad, coincidieron los participantes, también requiere atender a las personas y sus necesidades emocionales.