El baloncesto profesional colombiano vivió un fin de semana para el olvido. Dos episodios, ocurridos en escenarios distintos, encendieron las alarmas sobre el presente de la competencia: un equipo que no se presentó a jugar y un partido que terminó convertido en una batalla campal.
El primer hecho se registró el sábado 24 de octubre, cuando estaba programado el encuentro entre Sabios de Manizales y Toros del Valle, en el Coliseo Evangelista Mora de Cali. Sin embargo, el conjunto caldense no compareció al compromiso, situación que llevó al cuerpo arbitral a decretar el forfait (WO) a favor del quinteto vallecaucano.
La División Profesional de Baloncesto (DPB) rechazó la inasistencia y anunció que remitirá el informe correspondiente a la Comisión Disciplinaria de la Liga Señal Colombia de Baloncesto Profesional, para que evalúe los hechos y determine las medidas pertinentes, de acuerdo con el reglamento de la competencia. La organización calificó como inaceptable que una situación de esta naturaleza afecte el desarrollo del campeonato.
Aunque versiones extraoficiales relacionan la ausencia de Sabios con presuntos incumplimientos en el pago de los salarios de los jugadores, esta información no ha sido confirmada oficialmente. La DPB tampoco precisó en su comunicado las razones que llevaron al equipo de Manizales a no presentarse.
La situación no solo afecta la programación deportiva y a los aficionados que esperaban disfrutar del encuentro, sino que también deja interrogantes sobre la responsabilidad de los clubes y las condiciones en las que se desarrolla el campeonato.
Pero lo ocurrido el domingo elevó aún más la preocupación.
Durante el último cuarto del compromiso entre Caimanes de Villavicencio y Capitanes de Bogotá se desató una pelea generalizada que involucró a jugadores de ambos equipos. Los golpes fueron protagonistas de una escena que nada tiene que ver con los valores del deporte.
Uno de los episodios más delicados fue protagonizado por Mateo Arboleda, jugador de Caimanes, quien le propinó un par de patadas en la cabeza a un rival que se encontraba en el suelo. Una acción de extrema gravedad que exige una revisión rigurosa y una respuesta disciplinaria proporcional a los hechos, una vez se establezcan las responsabilidades correspondientes.
La rivalidad deportiva, la tensión de un partido y la frustración por un resultado nunca pueden convertirse en justificaciones para la violencia. Mucho menos cuando los protagonistas son deportistas profesionales, llamados a representar a sus equipos y a servir de ejemplo para las nuevas generaciones.
¿Dónde está la División Profesional de Baloncesto?
Ante este panorama, la División Profesional de Baloncesto tiene el desafío de esclarecer lo sucedido y comunicar las medidas que correspondan en cada caso. Frente a la inasistencia de Sabios, ya anunció el traslado del informe a la Comisión Disciplinaria. Por su parte, los incidentes entre Caimanes y Capitanes también requieren una revisión seria y decisiones disciplinarias sustentadas en las pruebas disponibles.
No basta con dejar que la polémica desaparezca con el paso de los días. La credibilidad de una liga también se construye con reglas claras, garantías para los jugadores, organización y sanciones cuando se presentan conductas que afectan la competencia.
El baloncesto colombiano necesita crecer, atraer patrocinadores, fortalecer sus clubes y recuperar la confianza de los aficionados. Sin embargo, ese propósito se aleja cuando un equipo no se presenta a jugar y un encuentro termina en una pelea colectiva.
Un partido que no se juega y otro que termina a los golpes no pueden convertirse en la imagen de una liga que aspira a crecer. Se necesitan explicaciones, responsabilidades y decisiones que permitan demostrar que el baloncesto profesional colombiano está dispuesto a corregir sus fallas.